Los medios de comunicación nos han hablado estos días de Luna, una veinteañera de Móstoles, de madre ceutí, que no imaginaba lo que le esperaba en aquella ciudad autónoma cuando se trasladó allí, a compartir piso mientras realizaba prácticas con la Cruz Roja para terminar su grado superior en integración social. Como a todos, le sorprendió la mayor crisis migratoria que ha experimentado esta ciudad: entre el 17 y el 18 de mayo una avalancha de inmigrantes traspasaron de forma irregular la frontera, principalmente a nado, bordeando el espigón para llegar a la playa ceutí. Más ocho mil hombres, mujeres y niños. En su mayoría, marroquíes; pero también subsaharianos. La cifra es tan alta que cuadruplica la registrada en el conjunto de las dos ciudades autónomas durante todo el año pasado.

La imagen de Luna, con el uniforme de la Cruz Roja, abrazando a un hombre de raza negra, exhausto y lloroso, nos ha golpeado con fuerza. En una entrevista televisiva, la joven ha contado como era incapaz de entender el atropellado francés del inmigrante, pero que estaba convencida de que intentaba enumerarle los amigos perdidos en el camino. “Lloraba, se le caía la baba todo el rato, antes de abrazarme se estaba apedreando la cabeza. Se quería matar”, relata. Lo único que sabemos de este hombre al que Luna intentó tranquilizar es que es de Senegal, y parece ser que no se ha podido evitar que fuera devuelto a Marruecos, como varios millares más de personas que, estando en territorio nacional, han sido expulsadas del país sin respetar ningún tipo de garantías legales.

A raíz de esa imagen, las redes sociales se han llenado de toda clase de comentarios. Algunos de ellos, por desgracia, profundamente racistas e insolidarios. Un gesto de espontánea compasión ha sido objeto de burlas y condena por parte de individuos carentes de toda sensibilidad humana, hasta el punto de que su protagonista se ha visto empujada a cerrar su cuenta en Twitter, agotada física y emocionalmente.

Enviamos a los medios el siguiente comunicado:

Las comunidades cristianas CEMI quieren sumarse a la gran cantidad de seres humanos y entidades que han aplaudido la acogida de inmigrantes en Ceuta; y, en particular, destacan el abrazo que una trabajadora de Cruz Roja, Luna Reyes, ha dado a un inmigrante senegalés. Se trata de una acción profundamente humanitaria, y por ello, cristiana, que dignifica al ser humano y nos honra a todos los que deseamos un mundo fraterno. También agradecemos de antemano a todos aquellos que practican la compasión y solidaridad con los demás, con independencia de su raza, ideología o condición, cuando se encuentran  en situación de necesidad. Nos hace confiar en que otro mundo es posible y el Espíritu de Dios está presente en su evolución.

 

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