CEMI

Congregación Estado María Inmaculada

quienes-somos-850x485

Composición y miembros

Hoy en día, CEMI cuenta con 15 comunidades en Madrid y 2 en el Sur (Cádiz y Sevilla) siendo el número de miembros en torno a 150, con edades comprendidas entre los 24 y los 70 años. La mayoría de sus componentes pertenecen a un nivel cultural y económico medio o medio-alto; muchos de ellos son antiguos alumnos de los colegios marianistas.

Actualmente en las convivencias se reúnen hasta tres generaciones de miembros de CEMI: abuelos, hijos y nietos que comparten en familia la celebración de la fe y el desarrollo como cristianos.

Fines

CEMI sigue presentándose actualmente dentro de la Iglesia como una comunidad de comunidades; es decir, como un espacio en el que se provoca el encuentro con Jesucristo, a ser posible en la Eucaristía, como signo de fraternidad universal. La comunidad así concebida es el ámbito de compromiso compartido, y de unificación de criterios a la luz de la fe, para que cada uno de sus miembros, en su vida profesional, familiar, eclesial y social pueda caminar en la dirección que señala el Evangelio. Cada miembro y cada comunidad tiene autonomía para organizar sus reuniones y compromisos, en el ámbito que sus carismas y su libertad le van marcando (en CEMI intentamos cuidar con esmero el ritmo de crecimiento de cada persona). La mayoría de las comunidades suelen reunirse una vez a la semana.

CEMI como institución no tiene obras propias, pero sí una vinculación muy estrecha con la Fundación Universitaria G.J, Chaminade y la Fundación Romeo. Muchos miembros de CEMI trabajan a título individual o comunitario en diversas actividades de acción social, política y de voluntariado (actividades de tiempo libre con menores tutelados por la Comunidad de Madrid; clases de apoyo a inmigrantes; asistencia a enfermos y familiares de enfermos en hospitales; atención a presos, y colaboración en su reinserción; grupos Scout parroquiales…).

La evangelización de las nuevas generaciones es uno de los objetivos prioritarios de CEMI. Desde hace tiempo se está llevando a cabo, principalmente, mediante la colaboración en la pastoral de colegios marianistas: Santa María del Pilar (Madrid), Santa Ana y San Rafael (Madrid) y San Felipe Neri (Cádiz). De estos grupos han surgido numerosas comunidades en los últimos años; por eso seguimos ofreciendo CEMI con ilusión, como un espacio donde vivir y compartir la fe dentro de la Familia Marianista.

Desde esta apuesta, se han hecho grandes esfuerzos en cuanto a número de miembros implicados en este proceso (alrededor de 30 catequistas). Nuestra experiencia nos lleva a intentar que participen dos catequistas con cada grupo, uno de los cuáles será preferentemente de edad cercana a la de los catecúmenos, y el otro de mayor edad para poder aportar experiencia de vida.

Organización y funcionamiento

En las Juntas Generales, que son convocadas cada cuatro años, se hace una revisión con miras a trazar las nuevas directrices que han de marcar la vida y actuación de nuestras comunidades.

La Junta Directiva convoca la Comisión Permanente cada dos meses. En esta Comisión Permanente, en la que están representadas todas las comunidades, se tratan y deciden todos los temas y cuestiones que nos ocupan y preocupan. La Junta Directiva junto con la Comisión Permanente tiene pleno poder representativo para la toma de decisiones que involucren a CEMI como institución.

Encuentros y actividades

Consideramos fundamental la unión entre las diversas comunidades; tradicionalmente, había una reunión mensual común, el “Viernes Fin de Mes”, cuyo núcleo era una Eucaristía celebrada inicialmente en la Parroquia María Reina de Vallecas. Actualmente alternamos la celebración entre Santa María del Pilar y el Colegio Mayor Chaminade.

Cada año se convocan, al menos, tres Convivencias: dos de ellas las organizan las comunidades de Madrid, y tienen lugar en otoño y primavera; el segundo fin de semana de enero se celebran las convivencias del Sur, organizadas por las comunidades de Sevilla y Cádiz en la costa de Cádiz (últimamente en Chipiona).

Hay encuentros para los jóvenes relacionados con las comunidades que varían entre convivencias y caminos de Santiago, según intereses y disponibilidades.

CEMI en la Familia Marianista

CEMI está presente en la Familia Marianista, participando en las reuniones del Consejo de Familia. Como miembro activo de las CLM, ha tomado parte en la mayoría de encuentros nacionales e internacionales de los Laicos Marianistas.

La vinculación con la Compañía de María en este momento es muy rica. En nuestras comunidades están presentes Francisco Canseco, José Antonio Barbudo, Francisco de Luna, Diego Tolsada y Enrique Torres. También contamos con Julio González-Tánago, capellán del Colegio Mayor Chaminade. Nuestro fundador y consejero religioso, José Antonio Romeo, siguió animando espiritualmente nuestras comunidades y participando en toda la vida de CEMI hasta su muerte, ocurrida en julio de 2008.

CEMI en la Iglesia

CEMI también participa en otros ámbitos religiosos, a nivel diocesano forma parte del Foro de Laicos y participa en otras organizaciones como Redes Cristianas. En este sentido, CEMI está fuertemente comprometida en la tarea de renovación de la Iglesia, aspirando a acercarla a las inquietudes y necesidades de la sociedad contemporánea.

Historia

El origen de CEMI se sitúa en el colegio marianista de Jerez de la Frontera, en el año 1950. Fue promovida por José Antonio Romeo Horodiski y apoyada por otros marianistas.

Se trataba de trasladar con la mayor fidelidad posible, adaptándola a la edad y circunstancias de sus integrantes, el modelo de la Congregación seglar de Burdeos, fundada por el beato Guillermo José Chaminade, en 1800.

Sus objetivos básicos eran:

  • Lograr una vida de seriedad cristiana en sus componentes mediante compromisos asumidos libremente.
  • Dinamizar la vida de fe entre sus congregantes.
  • Estimular el servicio a los más necesitados.

Este tipo de grupos, integrados por escolares de los últimos cursos, se extendió a otros colegios marianistas, fundamentalmente Cádiz y Madrid, y desbordó los límites colegiales para comenzar a funcionar en el ámbito universitario.

La primera aprobación canónica la otorgó el Obispado de Madrid-Alcalá, el 11 de febrero de 1959, como Pía Unión Seglar, denominada “Estado de Perfección del Consagrado a María”.

En 1960 se produce la unificación de los distintos grupos dispersos, celebrándose en el Colegio del Pilar, de Madrid, bajo la presidencia del Superior General de la Compañía de María, P. Pablo Hoffer, como Director General del “Estado”, la I Junta General, con asistencia de representantes de Cádiz, Jerez, Vitoria, Valencia, San Sebastián, Zaragoza y Madrid. Se aprobaron los estatutos, el carácter de Congregación Mariana, la denominación de “Congregación Universitaria de María Inmaculada (CUMI)” y se eligió su primera Junta Directiva, con un Presidente seglar.

El Obispado de Madrid-Alcalá aprobó los nuevos estatutos de la Congregación y le otorgó el carácter de Congregación Mariana de Perfección Seglar, el 2 de diciembre de 1961, integrándose en la Confederación Nacional de Congregaciones Marianas.

En diciembre de 1965 se celebró la II Junta General, que acordó llevar a cabo un profundo trabajo de renovación de la Congregación, confiado a un Consejo Congregacional, que a lo largo de 4 años de intensos trabajos, elaboró un conjunto de documentos (Naturaleza, Fines, Espiritualidad, etc.), para adecuar la Congregación a los nuevos horizontes que abrían para la Iglesia las directrices del Vaticano II.

Ante el creciente número de congregantes situados en el ámbito profesional, y con el propósito de destacar la estabilidad del compromiso de sus miembros, se acordó el cambio de denominación a “Congregación 0Estado de María Inmaculada” (CEMI).

En su visita a España en 1966, el Superior General P. Hoffer renunció a sus atribuciones como Director General del “Estado”, reconociendo que la dirección de la Congregación debía corresponder a los seglares, conforme a las recientes orientaciones conciliares sobre la responsabilidad del seglar.

La espiritualidad que la Compañía de María había transmitido a varias generaciones durante más de un siglo fructificaba en un movimiento laico que, como en los tiempos de la Revolución Francesa, se ofrecía a una sociedad en pleno proceso de transformación social, política y religiosa. España caminaba agitadamente hacia la democracia, y las nuevas generaciones aspiraban a cambiar una sociedad que no les gustaba. La Iglesia, a su vez, respondía con enorme celeridad a este reto, convocando el Concilio Vaticano II. Desde entonces hasta hoy, y conforme a las directrices conciliares, CEMI ha interpretado que su misión en la Iglesia, como quería el Padre Chaminade, consistía en el seguimiento de Jesús imitando el modelo de María. Los congregantes querían ser continuadores de la misión de Cristo, a través de su “triple función sacerdotal, profética y real, como expresión anticipada del Reino de Dios”, y con especial dedicación a la liberación de los hombres (preferentemente, de los más necesitados).

En octubre de 1981, CEMI dio cumplimiento a lo exigido en el Real Decreto 142/1981, de 9 de enero, aportando la documentación necesaria en orden al mantenimiento y plena eficacia de su inscripción en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia.

FUTURO…

En el presente tenemos comunidades consolidadas, pero el futuro se presenta incierto. Somos conscientes de que los valores que predominan en nuestra sociedad (competitividad, éxito, poder, prestigio, materialismo…) no son el mejor caldo de cultivo para que haya jóvenes y no tan jóvenes interesados en una vida cristiana comprometida. Es una realidad que nos preocupa, y para la que todavía no hemos encontrado respuestas concluyentes.

Confiamos en que el Espíritu nos ayude a interpretar los signos de los tiempos, indicándonos cómo podemos ser más útiles para la construcción del Reino, la difusión del Evangelio y el Carisma Marianista, la libertad y la felicidad de cuantos nos rodean. A pesar de las incertidumbres, CEMI aspira a seguir haciendo realidad, entre aciertos y errores, la oración de nuestro querido José Antonio: “Señor Jesús, sírvete de nuestra pequeñez y de nuestra miseria para acercarte de nuevo a los hombres que te necesitan”.