Comunidades Cristianas CEMI

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[Foto de grupo de la Junta General de octubre de 2017, acompañados por otros responsables de la Familia Marianista]

Quienes somos

Somos un conjunto de creyentes de la familia marianista que queremos vivir en plenitud el carisma bautismal: ser  sacerdotes, profetas y reyes. Es decir, servir, denunciar y liberar. Y, al igual que nos preocupa y cuidamos nuestra vida física, don del Padre, encontramos en la experiencia comunitaria el entorno idóneo en el que cuidar nuestra vida de hijos de Dios y ejercer una acción social transformadora desde la eucaristía, la reflexión, y la oración.

Nuestras comunidades, presentes en las diócesis de Madrid, Cádiz y Sevilla, se reúnen en torno a la Palabra, parten el pan y recuerdan a Jesús de Nazaret, que murió como consecuencia de la vida que llevó, y resucitó entre nosotros. Tenemos a María, su madre, como testimonio de coherencia y primera discípula, e intentamos ser agentes de transformación social, actualizando de distintas formas la opción preferencial por los pobres.

Cada comunidad tiene autonomía para organizar sus reuniones –en general, semanales- y compromisos, según los carismas de sus miembros, y con una libertad desde la que intentamos cuidar con esmero el ritmo de crecimiento de cada persona.

Disponemos de diversos espacios de encuentro intercomunitario (“viernes fin de mes”,  convivencias, encuentros de jóvenes) y de unas reuniones periódicas (la “comisión permanente”) de nuestra junta directiva con representantes de las comunidades. Cada cuatro años celebramos una Junta General, en la que se renuevan los cargos y se acuerdan las prioridades que han de marcar la vida y actuación de las comunidades.

CEMI carece de obras propias como institución, pero guarda una estrecha vinculación con la Fundación Romeo, que trabaja en distintos proyectos de inserción social; y participa muy activamente en la ONG Acción Marianista, además de colaborar en el patronato de la Fundación Universitaria Chaminade. Muchos de nosotros, además, llevamos a cabo a título individual o comunitario una larga lista de actividades de acción social y de voluntariado.

CEMI en la Iglesia

Somos comunidades cristianas que han asumido plenamente la “participación y corresponsabilidad de los laicos en la vida y misión de la Iglesia” a la que se refiere el documento de la Conferencia Episcopal Española “Cristianos Laicos, Iglesia en el mundo” (1991).  Y a lo largo de más de seis décadas, hemos renovado la expresión de nuestro compromiso cristianos, pasando de formulaciones rituales (como nuestra antigua consagración a María) a expresiones más actuales de nuestra adhesión a la fe, para acercar a la Iglesia -desde una presencia crítica, y una sincera comunión- las inquietudes y necesidades de la sociedad contemporánea.

Como Comunidades Laicas Marianistas (CLM), participamos en la pastoral de distintos colegios, en las reuniones del  Consejo Nacional de Familia Marianista y en diversos encuentros nacionales e internacionales de las CLM.

Además, CEMI es miembro del Foro de Laicos de la Conferencia Episcopal y de Redes Cristianas.

Historia

El origen de CEMI se sitúa en el colegio marianista de Jerez de la Frontera, en el año 1950. Fue promovida por José Antonio Romeo Horodiski y apoyada por otros marianistas. Se trataba de trasladar con la mayor fidelidad posible, adaptándola a la edad y circunstancias de sus integrantes, el modelo de la Congregación seglar de Burdeos, fundada por el beato Guillermo José Chaminade, en 1800.

Sus objetivos básicos eran:

  • Lograr una vida de seriedad cristiana en sus componentes mediante compromisos asumidos libremente.
  • Dinamizar la vida de fe entre sus congregantes.
  • Estimular el servicio a los más necesitados.

Este tipo de grupos, integrados por escolares de los últimos cursos, se extendió a otros colegios marianistas, fundamentalmente Cádiz y Madrid, y desbordó los límites colegiales para comenzar a funcionar en el ámbito universitario.

La primera aprobación canónica la otorgó el Obispado de Madrid-Alcalá, el 11 de febrero de 1959, como Pía Unión Seglar, denominada “Estado de Perfección del Consagrado a María”.

En 1960 se produce la unificación de los distintos grupos dispersos, celebrándose en el Colegio del Pilar, de Madrid, bajo la presidencia del Superior General de la Compañía de María, P. Pablo Hoffer, como Director General del “Estado”, la I Junta General, con asistencia de representantes de Cádiz, Jerez, Vitoria, Valencia, San Sebastián, Zaragoza y Madrid. Se aprobaron los estatutos, el carácter de Congregación Mariana, la denominación de “Congregación Universitaria de María Inmaculada (CUMI)” y se eligió su primera Junta Directiva, con un Presidente seglar.

El Obispado de Madrid-Alcalá aprobó los nuevos estatutos de la Congregación y le otorgó el carácter de Congregación Mariana de Perfección Seglar, el 2 de diciembre de 1961, integrándose en la Confederación Nacional de Congregaciones Marianas.

En diciembre de 1965 se celebró la II Junta General, que acordó llevar a cabo un profundo trabajo de renovación de la Congregación, confiado a un Consejo Congregacional, que a lo largo de 4 años de intensos trabajos, elaboró un conjunto de documentos (Naturaleza, Fines, Espiritualidad, etc.), para adecuar la Congregación a los nuevos horizontes que abrían para la Iglesia las directrices del Vaticano II.

Ante el creciente número de congregantes situados en el ámbito profesional, y con el propósito de destacar la estabilidad del compromiso de sus miembros, se acordó el cambio de denominación a “Congregación Estado de María Inmaculada” (CEMI).

En su visita a España en 1966, el Superior General P. Hoffer renunció a sus atribuciones como Director General del “Estado”, reconociendo que la dirección de la Congregación debía corresponder a los seglares, conforme a las recientes orientaciones conciliares sobre la responsabilidad del seglar.

La espiritualidad que la Compañía de María había transmitido a varias generaciones durante más de un siglo fructificaba en un movimiento laico que, como en los tiempos de la Revolución Francesa, se ofrecía a una sociedad en pleno proceso de transformación social, política y religiosa. España caminaba agitadamente hacia la democracia, y las nuevas generaciones aspiraban a cambiar una sociedad que no les gustaba. La Iglesia, a su vez, respondía con enorme celeridad a este reto, convocando el Concilio Vaticano II. Desde entonces hasta hoy, y conforme a las directrices conciliares, CEMI ha interpretado que su misión en la Iglesia, como quería el Padre Chaminade, mediante el seguimiento de Jesús a través del modelo de María. Los congregantes querían ser continuadores de la misión de Cristo, a través de su “triple función sacerdotal, profética y real, como expresión anticipada del Reino de Dios”, y con especial dedicación a la liberación de los hombres (preferentemente, de los más necesitados).

En octubre de 1981, CEMI dio cumplimiento a lo exigido en el Real Decreto 142/1981, de 9 de enero, aportando la documentación necesaria en orden al mantenimiento y plena eficacia de su inscripción en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia. En el proceso de renovación de este registro se han aprobado en 2018 unos nuevos estatutos para ajustarse a los cambios normativos surgidos desde entonces.

 

[Foto de grupo de las convivencias de Primavera de 2018]

Futuro

Creemos que CEMI ha tenido una profunda incidencia en las personas que han participado en ella a lo largo de su historia, y ha intentado ser expresión amorosa de las exigencias del Reino en su entorno social y eclesial. Nuestro papel en la transformación de la realidad se ha hecho explícito mediante fundaciones, asambleas económicas, y compromisos personales de nuestros miembros en las más diversas organizaciones de nuestra sociedad.

Pedimos al Espíritu la luz y la fuerza para, desde aquí, seguir avanzando en la construcción de un mundo más parecido al que soñó Jesús de Nazaret.

Es un proceso de transformación personal, comunitario, eclesial y social “en camino” hacia la plenitud del Reino, siempre presente en primicia, y siempre por alcanzar.

Somos autocríticos  con nuestra capacidad para atraer a los jóvenes, conscientes de las dificultades sociológicas(competitividad, éxito, prestigio, materialismo, hedonismo), nos exigimos mayor entrega y coherencia, para poder ser manifestación de Jesús en el mundo.

Y rezamos, como lo hacía nuestro querido fundador José Antonio Romeo:

“Señor Jesús, sírvete de nuestra pequeñez y de nuestra miseria para acercarte de nuevo a los hombres que te necesitan”.